Lo que hoy se conoce como el pantano del Tranco de Beas fue en tiempos la hermosa vega de Hornos y el remansado valle del Guadalquivir, ambos repletos de cortijadas y aldeas llenas de vida. Hoy tan sólo existen en el recuerdo de sus antiguos moradores. La torre de Bujarcadí sólo aparece cuando el Tranco está prácticamente vacío; sin embargo, el castillo del antiguo señorío de Bujaraiza emerge siempre de las aguas como si de un lago escocés se tratara.
Dicen que se llamó el Tranco de Beas, porque en Beas se hospedaban los ingenieros que trabajaron en su construcción. Antiguamente era conocido como el Tranco de Mojoque, o de Monzoque, y era un paso de auténtico vértigo sobre el río donde acontecieron muchas anécdotas a los serranos de antaño.


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